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Rafael Correal: "La agonía de ser colero en la Vuelta a Colombia".

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Fuente: Redacción/metadeportescolombia  


ID: 1536  

En el libro “Los Escarabajos de la Vuelta a Colombia,” en su página 159,
Transcribimos el siguiente párrafo: “Se padece una agonía tremenda, dan ganas de llorar, dice el colero de la XV Vuelta a Colombia. Rafael Correal, quien corre por el Meta. Él es mecánico de profesión en Villavicencio; siempre se ha encontrado solo y a punto de retirarse cuando lo ataca agudos dolores en sus piernas: sin embargo puede más el compromiso y llegan a su memoria las personas que le ayudaron para que participara. Correal fue campeón de ruta departamental y subcampeón en el kilómetro contrarreloj y en los cuatro mil metros persecución individual”.


Así se relata una de las actuaciones de Rafael Correal Parrado, cuando se atrevió a participar en Vuelta a Colombia por allá en 1966. Es nuestro invitado en las figuras para recordar.

Su vida transcurrió entre rines y neumáticos ya sea de bicicletas o motos, porque en su taller “Peugeot” ubicado en barrio Santa Inés prestaba un servicio integral; completa cincuenta y ocho años de casado con doña Aurora Rodríguez, el amor de toda su vida. Rafael nació en el mes de julio de 1938, lo que hoy llamamos “la calle de las tipografías”, una cuadra bajo donde funciona la Gobernación.

¿Cómo se inició en el ciclismo?
Yo comencé a montar tenia quince años, lo hacía en una bicicleta muy pesada las famosas “panaderas”; le agradezco al ciclismo porque me alejo de todos los vicios: El único “doping” que conocí fue la cervecita: Por ahí me tomaba una que otra.

Me “engome” del ciclismo que decidí cómprame una bicicleta para carreras, varios amigos me colaboraron y logramos recoger 800 pesos, con ese dinero me fui para Bogotá, donde llegue a un almacén y me mostraron unas de 200, 400, 800 pesos y había una que era importada que la habían dejado para venderla porque al dueño le quedaba muy pequeña.

Apenas la vi me gusto era una “Peugeot” con cambios esa costaba 1.200 pesos; el dueño del almacén me dijo cuanto tiene? Le dije 800 pesos, de donde viene usted? De Villavicencio.

!Llévesela! En quince días yo voy y me tiene el resto; así fue el señor vino a Villavicencio y yo le tenía la plata. Yo trabaja como obrero de pico y pala con el Municipio.

¿Y qué pasó?
Pues que no sabía montar esa bicicleta entonces me presentaron a Mario Garcés López, quien me explicó todo el funcionamiento y me dio ánimos para que participara en las carreras departamentales.

Precisamente cuando me inicie llegó Ricardo Ovalle. Siempre teníamos unos duelos sensacionales en cada competencia que programaba la Liga.

¿Cuántas Vueltas a Colombia alcanzó a participar?
Participe en tres ediciones, la primera la corrí en 1966 donde partieron 126 ciclistas y terminaron 60, precisamente yo quede de último.


¿Sufría agonía por ser colero?
Mucho, me daba pena cuando llegaba a la meta y estaban los jueces y los directivos de la Federación esperándome, el recibimiento era fenomenal por la gritería del público, llovía los abrazos, felicitaciones y una que otra chuchería que le regalaban uno. Al terminar la Vuelta en Villavicencio fui recibido en medio de un gran caravana, no podía créelo. (se publica foto del testimonio).

¿Le gustaba ser colero?
No, lo que pasa que la Vuelta a Colombia era muy dura, las condiciones de las vías en algunos tramos eran intransitables.

Precisamente en la Vuelta de 66 me hice famoso por ser colero, tanto así que me volví amigo de “Cochise “Rodríguez, que nos encontrábamos todos los días y departía unos minutos conmigo, dándome aliento para que terminará cada etapa.

¿Cuénteme la novela de la etapa Bogotá-Ibagué?
Eso me paso por ser novato y osado; era la primera etapa de la Vuelta a Colombia la salida era en Bogotá y la llegada en Ibagué. No conocía la carretera apenas se dio la partida yo tome la punta de carrera y me les adelante a todo el mundo, hasta el carro de los jueces, mi reloj marcaba treinta minutos de diferencia.

Me fui una carretera desolada, se me hizo extraños porque los campesinos me miraban asombrados y no podían creer que un ciclista pasara por esos parajes desconocidos para mí, yo avanzaba, llegue a un ranchito había unas personas y le pregunte voy bien y ellos dijeron” si va muy bien”:

De pronto escuche a un carro que venía detrás de mí a toda velocidad y echando pito, era el carro donde venía el profesor Mario Garcés quien me dijo “ Hola so pendejo y usted que hace por aquí?

Yo le respondí:” No ve profesor, que soy el líder de la carrera”
A lo que Garcés me ripostó” Yo creo que más bien debe ser el colero de la carrera, no ve que la Vuelta no pasa por aquí, usted se salió de la ruta oficial, a devolverse mijo”.

Me tocó montarme el carro y alcanza el bus-escoba que iba cerrando la prueba. Pedí autorización y me conecte al lote colero, que estaba a 30 minutos de los punteros, o sea había perdido más de una hora.

¿Y luego que hizo?
Me sentí con arrestos y tomé la iniciativa de tratar de sacar el lote, pero ellos se me pegaban, entonces dirigí la mirada al profe Garcés y le dije. Qué hago?
El me respondió: “Chupe rueda, porque si no es capaz de zafarse y ellos no lo dejan ir...Aguante. Aguante!!

¿Es verdad que usted fue tekondista?
Si me retire un poco desilusionado del ciclismo, me encontré con Carlos Esquivel Cangrejo, quien tenía un salón de enseñanzas en el barrio Barzal Bajo, por la calle del “Pedregal” y me invitó a practicar taekwondo.

Me entusiasme para obtener el máximo reconocimiento por conseguir la perfección, pero varios compañeros me dijeron que para llegar al dan catorce necesitaba entre cuarenta o cincuenta años.

¿Y entonces?
Decidí retírame de todo; alcance a ser técnico luego pertenecí a la Comisión de Juzgamiento, anime a mis hijos a que practicarán el ciclismo, pero pudo más el estudio, el trabajo y las obligaciones familiares.

Rafael Correal, aún con sus manos callosas después de haber montado y desmontado rines, su rostro esta ajado y marcado por el paso de los años; su pensamiento refleja la nostalgia por el ciclismo, al cual le da gracias porque lo formó como persona; el único reconocimiento que ha recibido y lo guarda como un tesoro es la placa que le entregó la Asociación Colombiana de Periodistas Deportivos, Acord Meta, como testimonio a su esfuerzo y sacrificio por defender los colores de esta región.

 

Fecha Actualizado: 2020-07-12 10:52:43


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